EL APRENDIZAJE DE BOLSILLO

Business woman standing outside in front of office building, using mobile phone Pocas cosas han tenido un desarrollo tan rápido en los últimos años como los smartphones y las tabletas. Especialmente en nuestro país, ya que España es el país líder en Europa en uso de “teléfonos inteligentes”, con un 66% de penetración. La media en EU5 (Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y España) es del 57%, según el informe Spain Digital Future in Focus de comScore. En cuanto a las tabletas, el informe Worldwide Quarterly Tablet Tracker de la consultora Data Corporation (IDC) asegura que su distribución crecerá un 58,7% durante el presente año respecto al pasado, alcanzando los 229,3 millones de unidades en todo el mundo, y superando ya la distribución de portátiles.

Los dispositivos móviles son ya casi omnipresentes, dado que casi siete de cada 10 españoles poseen uno, y casi omnipotentes, porque permiten hacer gran cantidad de actividades: lectura de libros, acceso a juegos, visionado de vídeos, consulta de medios online… Y, claro está, este potencial resulta de especial interés para la formación. La posibilidad de llevar en el bolsillo un test de vocabulario en inglés a realizar durante un trayecto en metro o un vídeo sobre gestión eficaz de reuniones para ver mientras se está en la sala de espera del dentista, por ejemplo, le da una vuelta de tuerca más a la flexibilidad que ya ofrecía el e-learning. Sin embargo, un reciente informe de la UNESCO sobre el uso del mobile learning en Europa asegura que, pese a sus atractivos evidentes, pocos países han impulsado el aprendizaje móvil, pero los que lo hicieron vieron un claro retorno en cuanto a uso masivo e innovación. Por ejemplo, en el Reino Unido se constituyó la denominada Red de Aprendizaje Móvil (MoLeNET) que durante tres años llegó a 7.000 trabajadores y 40.000 estudiantes con un presupuesto aportado por el Gobierno británico de doce millones de libras. Más allá de Reino Unido y de otros ejemplos parecidos en Dinamarca y Holanda, la mayoría de proyectos europeos de M-Learning son de iniciativa privada y se centran en proyectos de educación informal dirigida a estudiantes.

 La idea que podría subyacer de fondo es que este tipo de formación sólo puede resultar exitosa entre las generaciones más jóvenes, las que prácticamente han nacido con un dispositivo móvil en sus bolsillos y están totalmente familiarizadas con su tecnología y uso. Esta creencia deja de lado el potencial que tiene para los trabajadores de todas las edades, ya que el mobile learning (o M-Learning) ofrece acceso al aprendizaje en el momento justo en que nos surge la necesidad y permite encontrar la solución formativa al instante.

 Una solución que debe ser inmediata y necesariamente breve también. Porque estos nuevos canales formativos requieren a su vez de nuevos lenguajes, en los que se ofrezcan píldoras de aprendizaje breves (ya sean vídeos, documentos escritos, posts de audio, etc.), ya que los usuarios mantienen su atención durante menos tiempo que en otros soportes.

Esta sintetización de los contenidos didácticos convierte al M-Learning en un complemento ideal respecto a otros canales formativos. Es decir, apunta hacia la necesaria complementariedad de las opciones de aprendizaje, que deben coexistir y no ser excluyentes.

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